Hoy se cumple una semana de mi cirugía. Una semana de un paso que esperé durante mucho tiempo y que hoy ya forma parte de mi historia.
Después de tantos años de intentos, de tratamientos, de pausas y de volver a empezar, estoy viviendo una etapa nueva. Y voy descubriendo que los cambios también aparecen en las pequeñas cosas de todos los días, en las costumbres y en esos momentos que antes compartía sin pensarlo demasiado.
Una de las cosas que más me está costando son las reuniones familiares. Esas charlas que se alargan, los mates que van y vienen y algo rico sobre la mesa.
Encuentros que disfruto muchísimo, porque son parte de nuestra manera de estar juntos.
Por ahora, los cuidados de esta etapa hacen que algunas cosas tengan que esperar. Y aunque entiendo que son parte de mi recuperación, no siempre es fácil llevarlo.
Estar ahí, compartir la conversación y tener que dejar algunas cosas para más adelante me moviliza. Me hace dar cuenta de cuánto se mezclan la comida, las costumbres y las emociones. Un mate nunca fue solamente un mate: también era quedarse un rato más, escuchar una historia, reírnos de algo o simplemente disfrutar de estar en familia.
Todavía estoy aprendiendo cómo vivir esos momentos en esta etapa. Quiero seguir estando, seguir compartiendo y encontrar mi manera de disfrutar de los encuentros mientras respeto los cuidados que hoy necesito.
Sé que esta etapa es temporal y que seguir las indicaciones de mi equipo es parte de cuidar este paso tan importante que di. Pero saberlo no significa que no me cueste. También necesito darme permiso para reconocerlo, sin sentir que por eso estoy menos comprometido con mi decisión.
Quiero que este diario tenga lugar para contar todo eso. Los avances, las alegrías y también las situaciones que me resultan difíciles. Porque cuando imaginaba la cirugía pensaba mucho en llegar a ese día; ahora me toca conocer y transitar lo que viene después.
La alegría de haber empezado
Y en medio de todo este aprendizaje, también hay una alegría enorme: lo hice. Di ese paso que tantas veces había imaginado.
Después de un camino largo, hoy puedo detenerme y reconocer que volví a intentarlo, que retomé mi proyecto y que llegué hasta acá. Eso me da felicidad y ganas de seguir adelante.
Las dificultades de estos días conviven con la ilusión por lo que viene. Me entusiasma pensar en los pequeños cambios que voy a ir descubriendo, en las cosas que voy a aprender y en los momentos que algún día voy a mirar hacia atrás con una sonrisa.
Un nuevo registro en este camino
Anoche, 21 de octubre, me pesé y la balanza marcó 145,1 kilos. Entré a cirugía con 152 kilos, así que este registro representa una diferencia de 6,9 kilos desde aquel día.
Quise guardar la foto para recordar este momento y lo que estoy viviendo alrededor de él. Detrás de ese número están la decisión que tomé, los cuidados de estos días y todo lo que estoy aprendiendo.
Me da alegría registrar este cambio. Al mismo tiempo, quiero aprender a mirar mi evolución con paciencia, sin convertir cada pesaje en una exigencia ni esperar que todos los días sean iguales.
El peso es uno de los datos que quiero guardar en este espacio. También quiero recordar cómo me siento, cómo me adapto, qué me cuesta y qué cosas voy descubriendo de mí en el proceso.
Hoy guardo este registro con ilusión y sigo adelante, un día a la vez.
Darme tiempo también es avanzar
Quiero celebrar esta primera semana sin exigirme tener todo resuelto. Hoy mi tarea es recuperarme, cuidarme y avanzar con paciencia. Habrá días más fáciles y otros que me pedirán un poco más, pero tengo motivos para mirar este proceso con esperanza.
También me alegra tener este espacio para dejar registro. Poder escribir hoy lo que me cuesta y, más adelante, volver a leerlo y descubrir cuánto fui aprendiendo. Cada entrada será una parte de mi camino, con sus emociones y sus propios tiempos.
Por ahora, sigo buscando mi manera de compartir esas charlas, de disfrutar de mi familia y de adaptarme a esta etapa. Quizás hoy tenga que dejar pasar un mate o algo de la mesa, pero quiero seguir encontrando mi lugar en esos encuentros que tanto disfruto.
Hay mucho por aprender y también mucho por vivir. Esta primera semana me encuentra con dificultades que estoy aprendiendo a llevar y con la alegría de haber empezado a recorrer un camino que deseaba desde hace años.
Hace una semana empezó un nuevo capítulo. Hoy lo sigo escribiendo con paciencia, alegría y esperanza.
Un día a la vez.
Ariel


💪 vamos que se puede, a no aflojar.