Hoy fui al control con mi nutricionista y me llevé una novedad que tenía muchas ganas de compartir: pasé a la fase 2 de mi alimentación, como la llaman en mi tratamiento.

Después de estos días de sopa licuada con huevo rallado, empieza una etapa con otras preparaciones, sabores y texturas. Algo tan cotidiano como sentarme frente a un plato diferente hoy tiene un significado enorme para mí.

En la publicación anterior contaba cuánto me estaban costando algunos momentos alrededor de la comida, especialmente las reuniones familiares. Por eso, este cambio me genera ilusión. Voy dando pasos, acompañado por mi equipo y aprendiendo cómo transitar cada etapa.
Un plato distinto sobre la mesa
Entre las opciones que me indicó mi nutricionista para esta fase aparecen el pescado desmenuzado y húmedo, el atún y el pollo, acompañados de puré de calabaza o zanahoria. También omelettes de espinaca y fideítos munición con queso crema.

Las cantidades que me indicaron son de entre 100 y 150 gramos en total, contando la proteína y la guarnición juntas. Además, incorporamos fruta cocida: media en el desayuno y otra media en la merienda.

Estas son las indicaciones que recibí para mi momento del tratamiento. Las comparto porque forman parte de mi historia y de lo que voy viviendo.

Tal vez, visto desde afuera, parezca un cambio pequeño. Para mí, después de estos días, encontrar nuevas posibilidades en el plato es una alegría. Me entusiasma pensar en cómo voy a ir adaptándome y en las preparaciones que se suman a mi día a día.
Lo que me serví y lo que quedó
Hoy también quise sacar fotos de mi almuerzo. En una se ve el plato con los 150 gramos entre proteína y guarnición. En otra, lo que quedó después, porque no pude terminarlo.

Me pareció importante guardar las dos imágenes. Cuando uno cuenta un proceso como este, también hay momentos muy concretos que muestran cuánto está cambiando la vida cotidiana.

El plato servido era pequeño comparado con lo que estaba acostumbrado a ver antes de la cirugía. Y, aun así, quedó una parte.

Verlo me hace tomar dimensión de esta nueva etapa. Estoy conociendo una manera distinta de comer y todavía tengo mucho por aprender. Las cantidades, las texturas y mi experiencia al sentarme a la mesa ahora ocupan un lugar que antes quizás no miraba con tanta atención.

Quiero dejar registro de todo eso: del entusiasmo por avanzar y también de esas situaciones que me sorprenden y me hacen detenerme a pensar.

Un nuevo registro: 142,8 kilos
Anoche, 25 de octubre, me pesé y la balanza marcó 142,8 kilos.

Entré a cirugía con 152 kilos, así que la diferencia registrada desde aquel día es de 9,2 kilos.

Me alegra poder guardar este nuevo dato y compartirlo en mi diario. Al mismo tiempo, quiero seguir mirando mi evolución con paciencia, sin convertir cada pesaje en una exigencia ni esperar que todos los días sean iguales.

Hoy, además del peso, tengo otras cosas para registrar: fui al control, recibí nuevas indicaciones y empecé una fase distinta de mi alimentación. Son momentos que también quiero recordar cuando vuelva a leer estas páginas.

Mañana, otro paso
Mañana tengo turno con el cirujano para el retiro de los puntos y para que me indique cómo seguir.

Será otra oportunidad para conversar sobre esta etapa y conocer los próximos cuidados. Mientras tanto, hoy me quedo con la alegría de haber avanzado y con la ilusión que me genera este cambio en mi alimentación.

Hace unos días escribía sobre las cosas que todavía tenían que esperar. Hoy puedo contar que algunas nuevas posibilidades empiezan a aparecer.

Sigo aprendiendo, adaptándome y encontrando mi manera de recorrer este camino. Con días distintos, con preguntas y con pequeños momentos que para mí significan mucho.

Hoy celebro esta nueva etapa: nuevos sabores, nuevos aprendizajes y las ganas de seguir adelante.

Un día a la vez. ❤️

Ariel